"Tanta conexión...

... tan poca comunicación" (por Sergio Sinay)

"(...)La necesidad de comunicarnos es evidencia clara de la diversidad que nos define como humanos. No hay dos personas iguales (...) En la vinculación de estas diferencias nos reconocemos. Es el otro, el semejante, su mirada y su presencia quien garantiza nuestra identidad. Tenemos nombres para ser llamados, nombrados, entre otros, por otros. Comunicarse es alcanzar la humanidad del otro y abrirle el acceso a nuestra propia humanidad (...) La comunicación es impensable sin el prójimo, el semejante. Y, considerándola así, hasta podríamos decir que la comunicación es amor.
¿Millones de celulares y de cuentas de correo electrónico y de "chateadores" (conversadores cibernéticos, a veces de tiempo completo) son testimonio, entonces, de un mundo más comunicado? La respuesta pide que quitemos la vista de las cifras y estadísticas para posarla en las personas. Podríamos ver, así, parejas que transcurren un almuerzo completo (...) con uno de ellos aferrado a su celular, en una o en varias conversaciones en serie. No cruzan palabra entre sí. No se miran. Veríamos familias que, en apariencia, comparten una actividad, en donde uno o más de sus componentes están de cuerpo presente, pero ausentes desde lo vincular. Se los ve rehenes de su celular (...) En las calles veremos amigos, matrimonios, padres e hijos, que caminan como si anduvieran por rieles paralelos, que no se tocan, mientras hablan, tecnología mediante, con alguien que no está allí. Mientras tanto, llueve sobre nosotros una incitación cotidiana: ¡Conectate!
(...) Toda la parafernalia comunicante de nuestra era tiene la virtud de abreviar los tiempos y hacer desaparecer los espacios que nos separan de otros. Son medios para salvar distancias con diferentes propósitos (...) El problema con los medios de cualquier tipo surge cuando se convierten en fines. Y quizá sea tiempo de preguntarnos si estos medios de comunicación no se han convertido en fines en sí mismos. De a poco se desplaza la cualidad del servicio y aparece la de símbolo de identidad. Sin celular, sin cuenta de correo electrónico, se corre el riesgo de empezar a quedar afuera de ciertos vínculos y actividades (...) El riesgo es que se puede no pertenecer simplemente por no exhibir el adminículo de última generación (...) La comunicación ya no es lo importante, sino el objeto, el aparato, el artefacto. El medio es el fin (...)
Muchas conversaciones y mensajes de texto por celular, mucho chateo no son más que intercambios onomatopéyicos, deformaciones y empobrecimiento del idioma, sobreentendidos, simples ejercicios destinados no al receptor, sino a hacer ostensible algo ante quienes están alrededor (...) La comunicación en sí importa cada vez menos. Ya no se trata de alcanzar al otro en un lazo esencial que nos recuerda nuestro vínculo, nuestra calidad de semejantes. Lo que cuenta es la apariencia: aparentar que se está comunicado. Que me llaman, que llamo, que no estoy solo. Porque en la posmodernidad estar solo es una mácula (...) Hay que aparentar que se está ocupado y contactado, que se pertenece al universo virtual de los conectados.
¿Están de verdad vinculados, en un sentido trascendente, los habitantes de ese universo? En su lúcido y movilizador ensayo 'Amor líquido', el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman alude a este fenómeno y concluye que cada vez hay más gente conectada y menos personas comunicadas (...) Mientras más mensajes cruzan el espacio, menos contactos ciertos, con soporte y significado, con presencia y compromiso, parece haber entre las personas. De esto da fe una cierta angustia existencial, una creciente pregunta por el sentido real de la existencia que se escucha en cuanto se establecen conversaciones verdaderas, sostenidas, ni efímeras ni virtuales (...)
Vivimos una era de contactos virtuales y soledades reales. El uso que se le está dando a los aparatos de comunicación no hace más que subrayar esto, lo profundiza. Quizá debamos volver a las herramientas de enlace imperecederas y esenciales, aquellas que siempre han estado en nosotros (...) Quizá una comunicación de este tipo resulte lenta y hasta precaria para quienes sustituyen el contacto por la conexión. Y tendrán razón. La verdadera comunicación entre las personas requiere tiempo, constancia, dedicación. Es un arte, y como todas las artes, necesita de un proceso sutil. Su resultado es el encuentro, la comunión. De lo contrario, podremos estar muy conectados (...) y, sin embargo, muy solos."


O bien el título podría haber sido: "Sobre por qué no tengo Facebook"

Luego de leer el texto, el que se sienta libre de toda culpa, que tire la primer piedra.

Anah.-

3 Response to "Tanta conexión...

18 de mayo de 2010, 22:46

Interesante. Esto de la hipercomunicación tiene que ver mucho con la era posmoderna que vivimos, en la que todo es exterior, todo es aparentar, todo es banal, escasean las cosas con real contenido. El interes propiamente dicho. Murieron los grandes ideales, quizas eso no este mal, el problema es tratar de ser algo consumiendo objetos todo el tiempo.

19 de mayo de 2010, 0:38

impresionante post. vivimos en una era donde la invitacion a la conexion y al vinculo nos llega de una engañosa manera, nos conectamos por medio de nexos que son tecnologicos y fisicamente y emocionalmente nos vamos desconectando mas. como decia alejandro, los grandes ideales los desangramos para: convertirlos en algo mas, que carece de contenido y apenas si llega a ser un logo de una remera o un sticker que se vende en tiendas de diseño, o un pin; o bien los matamos por completo de un disparo certero en pos de una realidad abstracta y en apariencia "perfecta". quiza esto se deba a que esos mismos ideales eran falacias en muchos casos. la realidad es que compramos lo que nos venden y hoy por hoy nos venden que el mundo se explora a la velocidad de un click. el amor, la felicidad, los amigos se estan convirtiendo en bits. este mundillo, el facebook, el fotolog, nos reduce a una foto, a un monton de frases tipeadas, porque ya no sabemos como llegar al otro. y subyace el gran problema de la banalidad, de la cantidad por sobre la calidad. tengo 800 amigos en facebook (falsebook) y eso me hace mejor persona? no, señores, hay que ser muy fatuo para caer en la creencia de que es asi. por otro lado ofrece una realidad parcializada de lo que uno es, ya que uno siempre aparece sonriente, en fiestas, rodeado de amigos reales, en boliches, dando una ilusion a los demas de que vivimos una vida casi casi de publicidad de gancia.



es triste hacia donde nos estamos dirigiendo.

23 de mayo de 2010, 15:56

¿La primera piedra? Pero yo voy a bailar con un taparrabos para que lluevan piedras sobre tu tejado! A vos te parece, Cherry, despotricar contra el caralibro?!

I love you.-

:)

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martes, mayo 18, 2010

"Tanta conexión...

... tan poca comunicación" (por Sergio Sinay)

"(...)La necesidad de comunicarnos es evidencia clara de la diversidad que nos define como humanos. No hay dos personas iguales (...) En la vinculación de estas diferencias nos reconocemos. Es el otro, el semejante, su mirada y su presencia quien garantiza nuestra identidad. Tenemos nombres para ser llamados, nombrados, entre otros, por otros. Comunicarse es alcanzar la humanidad del otro y abrirle el acceso a nuestra propia humanidad (...) La comunicación es impensable sin el prójimo, el semejante. Y, considerándola así, hasta podríamos decir que la comunicación es amor.
¿Millones de celulares y de cuentas de correo electrónico y de "chateadores" (conversadores cibernéticos, a veces de tiempo completo) son testimonio, entonces, de un mundo más comunicado? La respuesta pide que quitemos la vista de las cifras y estadísticas para posarla en las personas. Podríamos ver, así, parejas que transcurren un almuerzo completo (...) con uno de ellos aferrado a su celular, en una o en varias conversaciones en serie. No cruzan palabra entre sí. No se miran. Veríamos familias que, en apariencia, comparten una actividad, en donde uno o más de sus componentes están de cuerpo presente, pero ausentes desde lo vincular. Se los ve rehenes de su celular (...) En las calles veremos amigos, matrimonios, padres e hijos, que caminan como si anduvieran por rieles paralelos, que no se tocan, mientras hablan, tecnología mediante, con alguien que no está allí. Mientras tanto, llueve sobre nosotros una incitación cotidiana: ¡Conectate!
(...) Toda la parafernalia comunicante de nuestra era tiene la virtud de abreviar los tiempos y hacer desaparecer los espacios que nos separan de otros. Son medios para salvar distancias con diferentes propósitos (...) El problema con los medios de cualquier tipo surge cuando se convierten en fines. Y quizá sea tiempo de preguntarnos si estos medios de comunicación no se han convertido en fines en sí mismos. De a poco se desplaza la cualidad del servicio y aparece la de símbolo de identidad. Sin celular, sin cuenta de correo electrónico, se corre el riesgo de empezar a quedar afuera de ciertos vínculos y actividades (...) El riesgo es que se puede no pertenecer simplemente por no exhibir el adminículo de última generación (...) La comunicación ya no es lo importante, sino el objeto, el aparato, el artefacto. El medio es el fin (...)
Muchas conversaciones y mensajes de texto por celular, mucho chateo no son más que intercambios onomatopéyicos, deformaciones y empobrecimiento del idioma, sobreentendidos, simples ejercicios destinados no al receptor, sino a hacer ostensible algo ante quienes están alrededor (...) La comunicación en sí importa cada vez menos. Ya no se trata de alcanzar al otro en un lazo esencial que nos recuerda nuestro vínculo, nuestra calidad de semejantes. Lo que cuenta es la apariencia: aparentar que se está comunicado. Que me llaman, que llamo, que no estoy solo. Porque en la posmodernidad estar solo es una mácula (...) Hay que aparentar que se está ocupado y contactado, que se pertenece al universo virtual de los conectados.
¿Están de verdad vinculados, en un sentido trascendente, los habitantes de ese universo? En su lúcido y movilizador ensayo 'Amor líquido', el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman alude a este fenómeno y concluye que cada vez hay más gente conectada y menos personas comunicadas (...) Mientras más mensajes cruzan el espacio, menos contactos ciertos, con soporte y significado, con presencia y compromiso, parece haber entre las personas. De esto da fe una cierta angustia existencial, una creciente pregunta por el sentido real de la existencia que se escucha en cuanto se establecen conversaciones verdaderas, sostenidas, ni efímeras ni virtuales (...)
Vivimos una era de contactos virtuales y soledades reales. El uso que se le está dando a los aparatos de comunicación no hace más que subrayar esto, lo profundiza. Quizá debamos volver a las herramientas de enlace imperecederas y esenciales, aquellas que siempre han estado en nosotros (...) Quizá una comunicación de este tipo resulte lenta y hasta precaria para quienes sustituyen el contacto por la conexión. Y tendrán razón. La verdadera comunicación entre las personas requiere tiempo, constancia, dedicación. Es un arte, y como todas las artes, necesita de un proceso sutil. Su resultado es el encuentro, la comunión. De lo contrario, podremos estar muy conectados (...) y, sin embargo, muy solos."


O bien el título podría haber sido: "Sobre por qué no tengo Facebook"

Luego de leer el texto, el que se sienta libre de toda culpa, que tire la primer piedra.

Anah.-

3 opinaron, ¿y vos?:

Alejandro dijo...

Interesante. Esto de la hipercomunicación tiene que ver mucho con la era posmoderna que vivimos, en la que todo es exterior, todo es aparentar, todo es banal, escasean las cosas con real contenido. El interes propiamente dicho. Murieron los grandes ideales, quizas eso no este mal, el problema es tratar de ser algo consumiendo objetos todo el tiempo.

Mr.Hogdkin dijo...

impresionante post. vivimos en una era donde la invitacion a la conexion y al vinculo nos llega de una engañosa manera, nos conectamos por medio de nexos que son tecnologicos y fisicamente y emocionalmente nos vamos desconectando mas. como decia alejandro, los grandes ideales los desangramos para: convertirlos en algo mas, que carece de contenido y apenas si llega a ser un logo de una remera o un sticker que se vende en tiendas de diseño, o un pin; o bien los matamos por completo de un disparo certero en pos de una realidad abstracta y en apariencia "perfecta". quiza esto se deba a que esos mismos ideales eran falacias en muchos casos. la realidad es que compramos lo que nos venden y hoy por hoy nos venden que el mundo se explora a la velocidad de un click. el amor, la felicidad, los amigos se estan convirtiendo en bits. este mundillo, el facebook, el fotolog, nos reduce a una foto, a un monton de frases tipeadas, porque ya no sabemos como llegar al otro. y subyace el gran problema de la banalidad, de la cantidad por sobre la calidad. tengo 800 amigos en facebook (falsebook) y eso me hace mejor persona? no, señores, hay que ser muy fatuo para caer en la creencia de que es asi. por otro lado ofrece una realidad parcializada de lo que uno es, ya que uno siempre aparece sonriente, en fiestas, rodeado de amigos reales, en boliches, dando una ilusion a los demas de que vivimos una vida casi casi de publicidad de gancia.



es triste hacia donde nos estamos dirigiendo.

Sofía dijo...

¿La primera piedra? Pero yo voy a bailar con un taparrabos para que lluevan piedras sobre tu tejado! A vos te parece, Cherry, despotricar contra el caralibro?!

I love you.-

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